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viernes, 16 de mayo de 2008

La plaza

La plaza era bonita. Bueno, si se puede llamar bonita a unos metros de tierra rodeados de edificios fríos y uniformes, adoquines levantados y desiguales, bancos desconchados donde parece que todos los días se sienta la tristeza, y sucios suelos de tierra cubiertos de papeles, envolturas de chocolatinas y cáscaras de pipas de girasol.

Y sin embargo la plaza era bonita, porque a pesar de lo anteriormente dicho tenía los elementos que en si mismos son capaces de convertir en bello el más lúgubre lugar.
Gente, niños y árboles.
Nuria es un hechizo
María una princesa
David un duende
Juan un guiño
Luisa un beso
Todos anidan en el árbol viejo
y así entre casa y niños en las tardes calidas de verano,
La vida corre deprisa y ya nada nos sorprende
Ni las palabras nuevas
Ni los gestos antiguos
Ni siquiera los tiempos que corren gastados y amarillos.

De LYS*