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domingo, 15 de junio de 2008

Un escritor sin pelos en la pluma.

óleo de Carmen Graldez (El pudor)

Tienes que irte ahora?

Quieres otro meneo, ¿no es eso?

-Es que no puedes decirlo de otra manera?

Me levanté y retiré un poco su silla.

La cogí la pierna y la colgué por encima del brazo de la silla.

-Nunca llevas ropa interior ¿verdad? ¿Sabes que eres una zorra?

Le levante la falda y la hice sentarse así, mientras me acababa el café.

-Juega con él un poquito mientras acabo esto-

-Eres asqueroso, dijo, pero hizo lo que le dije…

Después de acabar me dijo, ¿Porqué haces estas cosas? La dejé allí parada con expresión perpleja. Mientras corría por las mórbidas calles del Bronx, una frase se repetía una y otra vez en mi interior. ¿Cuál es el yo auténtico? ¿Por qué corría? ¿Qué es lo que me hacía ir a esa velocidad?

Aminoré la marcha como para dejar que el demonio me diera alcance.

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Extracto de Sexus de Henrry Miller.

De él, escribió Francisco Umbral en su prólogo al mismo libro.

La narrativa de Miller tiene una primera apariencia caótica porque en efecto lo es, pero se trata de de un caos muy bien llevado por el talento literario de HM. Quiero decir que la cadencia de la prosa, el continuo vaivén entre lo soez y lo lírico, el humor salvaje, etc… Se corresponden con las arritmias viscerales del autor.

Las palabras fuertes de Miller son el contrapunto musical de sus bellísimas palabras poéticas, que, como todo poeta, necesita en primer lugar contarse a sí mismo, expresarse, y luego hacer que esa expresión resulte artística.
Trópico de cáncer, se publicó en 1934 y fue inmediatamente prohibida en todos los países de habla inglesa. Desde entonces el escándalo y la fama acompañaron a un excepcional escritor resueltamente decidido a convertirse en personaje literario sin ningún tipo de pudores