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miércoles, 10 de diciembre de 2008

En fin...



MAKE 'EM LAUGH: Alec Greven, 9, charms Tiffany and Jessica at Langan's restaurant in Midtown on his "How to Talk to Girls" book tour.

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No mide mucho, pero este pellizquito de chaval sabe mucho de cómo
complacer a las damas. Tanto, que su pamfleto “Como hablar a las chicas” que se vendió a tres dólares en la feria del cole, acaba de lanzarse a nivel nacional.

Uno de de los consejos que da es, retirarse un poco, intentar no parecer desesperado, y otro es, cuidarse de las chicas guapas.

Es fácil, distinguir a las chicas guapas, dice, porque llevan los pendientes grandes, vestidos atrevidos y muchas joyas. Las chicas guapas son como los coches que necesitan mucho aceite.

Da este consejo, lo mejor es tener una chica fija, las chicas guapas suelen tener el corazón duro, no las dejéis que os rompan el corazón.


Me parece que animar a un niño a jugar a juegos de esa índole y usar sus desvaríos para divertir a los adultos es simplemente incorrecto. Debemos animar a los niños a ser niños

Qué tienen que ver los pendientes grandes con la talla moral de una chica?

Las críticas son para todos los gustos, yo sólo he citado un par. Opinen ustedes.

Ah, el pulgarcito en cuestión sólo tiene nueve años NUEVE

viernes, 23 de mayo de 2008

Nos ataca a todos alguna vez...

PARTE II
Los enamorados se comportan de la misma manera en todas partes del mundo, aunque a cada uno le parezca que lo vive de una forma única.Sin embargo ese estado de“imbecilidad transitoria” en palabras de Ortega y Gasset no se puede mantener bioquímicamente por mucho tiempo. En ese sentido no hay duda: el enamoramiento es una enfermedad. Tiene su propio rosario de pensamientos obsesivos y su propio ámbito de acción.

En el sistema nervioso todo es impulso y oleaje químico. Aquí residen el miedo, el orgullo, los celos, el ardor y por supuesto el enamoramiento. A través de nervios microscópicos los impulsos se transmiten a todos los capilares y glándulas sudoríparas del cuerpo, a las glándulas lacrimales, la vejiga y los genitales.

El organismo entero esta sometido a un bombardeo, las órdenes se suceden a velocidad de vértigo: ¡constricción!, ¡dilatación!, ¡secreción!, ¡erección!, ¡orgasmo! todo es urgente, efervescente, impelente… Aquí no manda el intelecto ni la razón. Es el reino del siento-luego- existo, de la carne. Un territorio donde la razón es una intrusa.

El amor es como don Quijote: cuando recobra el juicio es para morir.

(Jacinto Benavente)