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lunes, 21 de febrero de 2011

Esas ciguenas....



La cigueñita tenía sólo dos semanas cuando le pregunto a su madre de donde vienen los bebés.

-vaya preguntita, dijo su madre.-

Ella se creía una cigüeña tan moderna como la primera, pero estaba segura que había que fijar alguna linea .
-Te contestaré más tarde.- le dijo. Y empujó un arenque en su garganta un poco más rápido que de costumbre.
Esa misma tarde mamá cigüeña repitió esa conversación a su hermana, como diciendo: !hay que ver las preguntas de los críos de hoy en día.!.
-Y por supuesto no esta preparada para la respuesta de su hermana.

-Cómo, tu hijo te hace una pregunta y no le das una repuesta?-

-claro que no... es sólo un crío como vas a esperar que comprenda algo tan complicado.-

-Vale, entonces hay que ignorar a los niños y seguir mintiendo.-

-Hasta que sea mayor, seguro-!

-entonces... les mentimos, les metimos y un día de repente queremos que nos crean.-

-Así fue siempre en nuestra familia. Además no es tanto mentir como contarles una historia.-
-
Ah, vaya, dame un ejemplo.-

La cigüeña entorno los ojos y miró en la distancia los tejados rojos de la aldea. De pronto recordó.
Mira, una vez, recuerdo que vi una luna espléndida que me deslumbraba. La abuela me dijo que era un gran satélite que se formó hace millones de años;y yo me lo creí hasta que años después descubrí la verdad.-

-¿La verdad? Dijo la hermana.-.

- Lo hizo Dios.-

-Dios? Y como lo descubriste...

- Me lo dijo un Viajante de pañuelos con el que pasé una noche de sexo buenísima.-

-Eso, por qué no empiezas diciéndole a tu hijo que todo empieza con el sexo?-

-Hablarle de sexo? Estás loca!

-Ya me dirás como le vas a contestar, porque no te creas que a él se le ha olvidado.-

-No te preocupes, cuando sea mayor y llegue el momento le pienso explicar con todo detalle como llegan los bebés.-

-A sí? Y cómo se lo piensas explicar.-

-tu ya sabes. Los trae un ratón.-

jueves, 9 de julio de 2009

¡HABÍA UNA VEZ, UN CUENTO QUÉ ALEGRABA SIEMPRE EL CORAZÓO N !!!




Hace muchísimos años vivía un rey que tenía once hijos y una hija llamada Elisa.(era mucho antes de la tele y los vídeo juegos) Los hermanos se querían mucho y eran muy unidos. Aunque vivían en un hermoso castillo, jugaban y estudiaban como cualquier familia grande y feliz.(como príncipes, entiéndase...) Por desgracia, su madre había muerto poco después del nacimiento del último príncipe.

Con el pasar del tiempo, el rey se repuso de la muerte de su amada esposa.(normal) Un día, conoció a una mujer muy atractiva de quien se enamoró.(mira tú...!) Sin sospechar que en realidad se trataba de una bruja,(ingenuo...) le propuso matrimonio.

"Ella me hará compañía(me calentará la cama, jeee!!) y mis hijos tendrán de nuevo una madre" pensó el Rey(bobo, madre no hay más que una). Sin embargo, el mismo día en que llegó al castillo, la nueva reina resolvió deshacerse de los jóvenes príncipes.( se veía venir)

La reina empezó a mentirle al rey para indisponerlo con sus hijos. Luego, un buen día, reunió a los príncipes a la entrada del castillo.

-¡Fuera de aquí! -gritó-.

No los quiero volver a ver nunca más.

Diciendo esto, levantó su capa hacia el cielo y los convirtió a todos en cisnes salvajes.(qué bruja...) Pero, como eran príncipes, cada uno llevaba una corona de oro en la cabeza.

La malvada reina le dijo al monarca que los príncipes habían huido del castillo.(menos mal que no cabo un zulo)

-Olvídate de esos ingratos -dijo. Luego, lo convenció de que Elisa necesitaba estar rodeada de otros chicos y mandó a la niña a vivir con una familia de campesinos.

Cuando Elisa cumplió quince años, el rey la mandó traer y la reina la recibió con una amabilidad fingida.

-Ven, preciosa -le dijo-. (malvada...) Debes prepararte para saludar a tu padre.

Mientras Elisa se preparaba para tomar el baño, la reina consiguió tres sapos, los besó y luego les ordenó:

-Tú te sentarás en la cabeza de Elisa y la volverás estúpida. Tú te pondrás cerca de su corazón y se lo endurecerás. Tú le saltarás a la cara y la volverás fea.

Luego puso los sapos en el agua, que tomó un color repugnante. Sin embargo, la dulzura y la inocencia de Elisa rompieron el hechizo. Los sapos se convirtieron en amapolas y el agua se volvió cristalina.

A sí es, así debe terminar un cuento.

No hay moraleja, ya esta bien, de todos modos nos cuesta mogollón aprender.

Les deseo un maravilloso finde y les dejo mil besos

martes, 23 de junio de 2009

Érase una vez...




En un enorme castillo en lo alto de un sombrío monte de cedros, los siervos encontraron esa mañana la cuna vacía, y a su señora, la Reina dormida con los labios manchados de sangre. Ante los ruegos del Rey su esposa se mantuvo firmemente callada en cuanto al paradero de su bebé, el príncipe.
Ante el firme mutismo de la Reina, la encarceló en una mazmorra donde permaneció siete años. Durante ese tiempo no cesó de tejer un fino lienzo con el que cosía camisas de hombre.

Siempre permaneció callada, manteniendo la promesa de su silencio, dada a sus hermanos a los que una bruja había convertido en cisnes. Se habían llevado a su bebé y sólo se lo devolverían cuando las siete camisas del finísimo hilo estuvieran terminadas, sólo entonces recobrarían su forma humana.

Exasperada la corte, hostigó al Rey, y fue condenada a la hoguera,

Se afanó mucho la reina pero cuando entraron para llevarla a la hoguera le faltaba la manga derecha de la séptima camisa.

Caminaba la Reina atada por la cintura y con las camisas dobladas en sus brazos, ni la pira dispuesta y al verdugo preparado quebró el silencio de la Reina.
En el mismo instante en que el verdugo lanzaba la antorcha encendida a la pira, un estruendoso batir de alas se escuchó sobre sus cabezas y siete majestuosos y blancos cisnes envolvieron a la Reina, y con sus alas y apagaron el fuego, cada uno tomó y se puso su camisa, e inmediatamente recobraron su forma humana, pero, oh, Dios! El más chico se puso la camisa que le faltaba la manga derecha y... cuando se convirtió en un niño, uno de sus brazos se quedó para siempre ala de cisne.

domingo, 1 de marzo de 2009

El reloj.



Ay en los dominios de la fantasía bellas comarcas en donde los árboles suspiran y los arroyos cristalinos se deslizan cantando por entre orillas esmaltadas de flores a perderse en el azul mar.

Lejos de estas comarcas, muy lejos de ellas, hay una región terrible y misteriosa en donde los árboles elevan al cielo y en donde el silencio y la oscuridad proyectan sobre el alma rayos intensos de sombría desolación y de muerte.


Y en lo más siniestro de esa región de sombras, hay un castillo, un castillo negro y grande, con torreones almenados, con su galería ojival ya derruida y un foso lleno de aguas muertas y malsanas.
Yo la conozco, conozco esa región terrible.

Una noche, emborrachado por mis tristezas y por el alcohol, iba por el camino tambaleándome como un barco viejo al compás de las notas de una vieja canción marinera. Y era de noche. De repente, sentí un gran terror. Me encontré junto al castillo, y entré en una sala desierta; un alcotán, con un ala rota, se arrastraba por el suelo.

El salón estaba abandonado. Junto a una pared del salón había un reloj gigantesco, alto y estrecho como un ataúd, un reloj de caja negra que en las noches llenas de silencio lanzaba su tictac metálico con la energía de una amenaza.

«¡Ah! Soy feliz -me repetía a mí mismo-. Ya no oigo la odiosa voz humana, nunca, nunca.»

Y el reloj sombrío medía indiferente las horas tristes con su tictac metálico.

¡Oh! Me encontraba tranquilo, nada turbaba mi calma; allí podía pasar mi vida solo, siempre solo, sin locas esperanzas, sin necias ilusiones, con el espíritu lleno de serenidades grises, como un paisaje de otoño.

Y el reloj sombrío medía indiferente las horas tristes con su tictac metálico.

En las noches calladas una nota melancólica, el canto de un sapo me acompañaba.
-Tú también -le decía al cantor de la noche- vives en la soledad. En el fondo de tu escondrijo no tienes quien te responda más que el eco de los latidos de tu corazón.

Y el reloj sombrío medía indiferente las horas tristes con su tictac metálico.

Una noche, una noche callada, sentí el terror de algo vago que se cernía sobre mi alma; algo tan vago como la sombra de un sueño en el mar agitado de las ideas. Me asomé a la ventana.

ni un grito, ni un estremecimiento de vida en la tierra negra.

Y el reloj sombrío medía indiferente las horas tristes con su tictac metálico.

Escuché atentamente; nada se oía. ¡El silencio, el silencio por todas partes! Sobrecogido, delirante, supliqué a los árboles que suspiraban en la noche que me acompañaran con suspiros; supliqué al viento que murmurase entre el follaje, y a la lluvia que resonara en las hojas secas del camino; e imploré de las cosas y de los hombres que no me abandonasen, y pedí a la luna que rompiera su negro manto de ébano y acariciara mis ojos, mis pobres ojos, turbios por la angustia de la muerte, con su mirada argentada y casta.
Y los árboles, y la luna, y la lluvia, y el viento permanecieron sordos. Y el reloj sombrío que mide indiferente las horas tristes se había parado para siempre.


Les dejo este cuento de PIO BAROJA. Es un poco largo, pero estaré ausente unos días.

Con este cuento les dejo mi cariño.

Hasta muy, muy prontito

domingo, 19 de octubre de 2008

A cada edad, su cuento....


Papá, cuéntame un cuento.


Eran seis y papá no siempre podía contar cuentos a todos a la vez, a si es que se turnaban, mamá a unos, papá a otros y la hermana mayor a otros. Total que entre los tres conseguían que la plebe se durmiera sin más problemas a una hora pronta y razonable.

Los cuentos de papa eran muy apreciados por sus hijos, pues nunca los Leía y sino que se los sacaba de la manga y los convertía a ellos en héroe o heroína. Al peque de cinco años lo llamaban sus hermanos (siempre con mucho cuidado de no ser oídos por sus padres) “el cagaito” por lo miedica que el crío era.

El padre, Juan (que así se llamaba) comenzó así:

Había una vez una familia muy pobre muy pobre, que con todos sus enseres y sus animales vagaban por el mundo buscando un lugar para edificar su casa. Llegaron a un sitio que les pareció bonito y les dieron permiso, pero le dijeron al padre: en ese sitio nadie ha edificado porque hay un tesoro escondido, pero tiene un fantasma que lo guarda.

El hombre pensó… ¡Un tesoro! Pues anda que no me iría a mí bien con tantas bocas que alimentar… Y no sólo edificó sino que se pasaba el día haciendo agujeros por todos los alrededores.

Un día, lo tiraron de la bicicleta, otro, alguien lo tiró por el barranco y se levanto todo herido, el padre no dijo nada, él sabía que era el fantasma. Una noche...( dijo Juan, con voz bajita y misteriosa)….una noche llamaron a la puerta, el padre abrió y no vio nada, pero en ese momento… las gallinas, los tres perros el loro y dos gatos se pusieron a cacarear ladrar, maullar…!! Todos con gran estruendo y todos a la vez!!! Y hasta un lobo aulló en la distancia. Juan se deshacía por imitarlos a todos con tanto realismo que en ese momento Sebastián “el cagaito” que lo miraba con ojos espantados comenzó a llorar como no había llorado nunca antes.

Costó calmarlo, y cuando lo consiguió le contó otro cuento.

Había una vez un niño, muy valiente, muy valiente….