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domingo, 10 de mayo de 2009

Perdone por favor, la vergúenza es mía.

Foto de la red



En el restaurante, el niño, de unos cinco años, tiraba al suelo reiteradamente los cubiertos. Su madre los recogía vez tras vez, sin un mal gesto. Unos amigos y yo que estábamos sentados justo en la mesa contigua, lo tomamos en principio como una travesura de esas que los niños utilizan para llamar la atención de los adultos, sin embargo, el niño seguía tirando todo lo que tocaba al suelo, no sonreía ni mostraba signos de que ello le produjera satisfacción alguna, pero el monótono ruido era cansino. En nuestra mesa se empezaron a hacer conjeturas de lo que cada uno haría con el niño de ser nuestro. (no hay mejores padres que los que no tienen hijos). El padre sacó al pequeño y le dio un paseo por la terraza y la madre comenzó a comer visiblemente más relajada. Cuando regresó el niño comenzó a hacer lo mismo. Comenzó a poner los cubiertos en línea y comenzó el plock, plock, plock, de nuevo. G. se cansó y encarandose al padre le dijo que un niño tan mal educado no se debería sacar de casa. El señor lo miró y le dijo:

No hace mucho a niños como nuestro hijo los encerraban de por vida, nosotros queremos que él aprenda de todas las situaciones de la vida y lo tratamos lo más normal que podemos, les pedimos disculpas por las molestias. Nuestro hijo es autista.-

G sintió vergüenza y todos nosotros también.

Las personas autistas no tiene imaginación, no entienden las bromas, ni las metáforas, algunos, muy pocos, pueden desarrollar destrezas considerables en el campo de la música, el dibujo o la informática, pero no saben comunicar, no saben mostrar reciprocidad y hablan sólo de lo que les interesa.

Alrededor de los dos años los niños con autismo evitan el contacto ocular, no comparten, y no suelen contestar cuando se les llama por su nombre. No muestran cosas a los demás y no señalan con el dedo índice. Tienden a repetir las mismas acciones vez tras vez.

En España hay 23.000 niños con autismo, muchos más que en el pasado y no parece que sean más, sino que el diagnóstico es más claro. La lucha de las familias para conseguir la atención que sus hijos necesitan es continua y ha mejorado mucho, pero está claro que la comprensión de la sociedad es un punto de apoyo para que esos niños no vivan aislados y puedan incrementar su habilidad para enfrentarse a la vida.

La próxima vez, cuando vea un comportamiento que me parezca peculiar, sin duda que no seré tan rápida en juzgar.

Venga, un hurra por mí, me voy a la feria de Jerez. Es una gran feria y pienso pasarlo muy bien. Regresaré cansada pero llena de energía y les visitaré en sus "hogares" sin duda. MIL BESOS.