
Yo casi siempre llego tarde a estas cosas, pero e aquí mi pequeño homenaje a tres mujeres en representación de las muchas que gracias a su lucha, ha hecho posible que las mujeres estemos hoy donde estamos. El resto de la lucha nos pertenece. Este es un día que nunca debió existir.
Gouges, Olimpia de (1748-1793)
Nacida en 1745, hija de un carnicero y una lavandera, se casó con un anciano rico. Tras quedarse viuda, quedó con dinero suficiente para mantenerse a sí misma en Paris desde 1788, viviendo de los precarios ingresos que obtuvo como escritora. Pobremente educada, su gramática, ortografía y caligrafía dejaban mucho que desear y sus escritos tendían a ser demasiado prolijos y ampulosos. Pese a sus sostenidos esfuerzos, no consiguió ser una autora de éxito.
Ridiculizada por su franco y obstinado feminismo, sus tempranos intentos de organizar a las mujeres, su manifiesto rupturista por los derechos femeninos y despreciada como traidora a la revolución por oponerse a la pena de muerte contra el rey Luis XVI y su familia, se convirtió en un objetivo del Terror jacobino.
fue guillotinada en 1793.
Exaltada por las ideas de la Revolución Francesa, publicó en septiembre de 1791 un manifiesto titulado La Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana.
Escribió el, hasta entonces, más brillante y radical alegato en favor de las reivindicaciones femeninas.
Gouges reclamó un trato igualitario de la mujer con respecto al hombre en todos los aspectos de la vida, públicos y privados: el derecho de voto, de ejercer cargos públicos, de hablar en público sobre asuntos políticos, de igualdad de honores públicos, de derecho a la propiedad privada, de participar en el ejército y en la educación e, incluso, de igual poder en la familia y en la Iglesia.
Mott, Lucretia (1793-1870)
Nacida en Nantucket, Massachussets, fue enviada con 13 años a un internado donde finalmente terminó como profesora. Su interés por los derechos de la mujer se inició cuando descubrió que sus compañeros profesores recibían el doble de sueldo que las profesoras.
Perteneciente a la confesión protestante de los cuáqueros, se opuso al tráfico de esclavos y fue un miembro activo de la Sociedad Americana contra la Esclavitud.
En 1840 viajó con su amiga Elizabeth Cady Stanton a Londres como delegadas a la Convención Mundial en contra de la Esclavitud. Furiosas ambas al serles negado el derecho a hablar, resolvieron organizar a su vuelta a los Estados Unidos una sociedad que defendiera los derechos de la mujer.
Creó en 1866 la Asociación Americana por la Igualdad de Derechos. Al año siguiente, la organización inició sus actividades en Kansas, donde se iba a decidir por votación la concesión del sufragio a los negros y a las mujeres.
Campoamor, Clara (1888-1972)
Hija de un modesto empleado y de una modista. A los 21 años ingresó en el Cuerpo en el Cuerpo de Correos y Telégrafos.
En 1924 obtiene el titulo de licenciada en derecho por la Universidad de Madrid, tenían entonces 36 años y apenas había mujeres que ejercieran la profesión de abogado.
Elegida diputada en 1931 como miembro del Partido Radical, formó parte de la comisión encargada de redactar el proyecto de Constitución de la Segunda República. Destacó su intervención en el artículo 36, en el que defendió la concesión del sufragio femenino sin ningún tipo de limitaciones, pese al riesgo que suponía que el voto se inclinase a favor de la derecha. Contraria a esta posición se muestra Victoria Kent, partidaria de reconocer a las mujeres el derecho al voto pero con ciertas limitaciones.
En octubre de 1931 fundó la Unión Republicana Feminista. En 1935 se separó del Partido Radical, debido a la "pérdida de confianza y la fe en el Partido" por llevar a cabo una política de derechas.
En 1936 escribió su obra más conocida El voto femenino y yo, en la que argumentaba su defensa de la concesión del voto a las mujeres.
Con el estallido de la guerra civil se exilió a Francia, para pasar posteriormente a Argentina y Suiza. Murió en Lausana el 30 de abril de 1972

