Seguidores

sábado, 22 de noviembre de 2008

Feliz finde!!!





Me hace falta escribir un poema

Donde pueda crecer en paz un niño

Donde pueda curarse un mal herido

Donde pueda llorar un solitario

Donde pueda comer una familia

Donde pueda anidar una paloma

Donde se pueda guisar una alegría

Donde pueda olvidarse un desengaño

Donde pueda ganarse el pan cualquiera.

Que yo quiero escribir, que me hace falta…

Que no me sale.


P.D.

No sé de quien es el poema.¿ALGUEN ME AYUDA?

jueves, 20 de noviembre de 2008

Para cambiar el feeling

Os quiero contar una historia, historia que, a diferencia de muchas otras que os he contado no es ficción. Ya la colgué en otro blog en el cual colaboré como invitada.

En el país lejano donde me he criado y educado, recuerdo una clase de su joven historia.

El profe, por cierto que , ¡hay, que profe! Nos embarcó a toda la clase en un proyecto sobre las pluviselvas, concentrándose en la isla de Tasmania, nos mostró viejas fotografías en sepia de bosques milenarios, y árboles impresionantes. Nos habló de cómo aquellos bosques habían sobrevivido a si por el cuidado de unos miles de aborígenes, ya que durante miles de años los nativos usaban, pero no abusaban de sus recursos naturales.

Pero entró el hombre blanco con sus máquinas de destrucción, sus sierras, sus hachas y su hambre de madera. Encontraron en Tasmania un verdadero banquete de maderas nobles crecidas despacito y endurecidas por los siglos.

Y el monstruo blanco comenzó a comer y comer y no se saciaba nunca.

En cierta ocasión, dos taladores mandados en avanzadilla para escoger y marcar la flor y la nata de aquellos bosques, se toparon con lo que en principio pensaron era una pared, pero que enseguida vieron era un árbol. Un árbol inmenso, impresionante, majestuoso, un Matusalén. Era tales las dimensiones de aquel árbol, tal su frondosidad, que los dos hombres se sobrecogieron, y cayendo de rodillas exclamaron….

It’s a temple. ! The cathedral of the earth! ( es un templo, ¡la catedral de la tierra ¡)

Hicieron pacto de silencio y asombrados y con gran respeto abandonaron el lugar,no marcando nada en un kilómetro a la redonda.¿ Nada que cortar? Nada de interés.

Uno se llevó el secreto a la tumba el otro cayó en la tentación de contarle el secreto a su nieto,
nieto que creció con la idea fija de que en algún lugar de la isla había un gran tesoro. Salió en su busca y lo halló. Varías toneladas fueron a parar a América y adornan hoy las paredes y techos de un templo en Massachusetts.

Viajamos en fin de curso a Tasmania y pudimos admirar una rodaja de aquel Matusalén que el alcalde de antaño pidió como souvenir. El profe que era en si mismo un ejemplar para admirar, se puso de pie al lado, a pesar de medir uno noventa y con su brazo estirado no alcanzó el otro extremo de la rodaja. No era del tronco, si no de una rama principal.

Sí, el hombre tiene muchas razones para llorar.

Imagino miles de aves errantes sin hogar.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Flor de té

AÑO I899. Un puerto anónimo de una ciudad cualquiera.

Emilia, una puta de puerto, le estaba inmensamente agradecida al aguardiente. El aguardiente la ayudaba. La curaba. Le quitaba el hambre, ahuyentaba el frío de sus huesos. Le calmaba el dolor de sus podridos dientes y reducía el dolor que le desgarraba las entrañas cada vez que orinaba. La hacía sentir mejor de lo que ningún hombre la había hecho sentir jamás. La calmaba.

Se llevó le botella a la boca y dio unos inestables pasos al frente. Resbaló, y su exabrupto se perdió en el estampido de la botella al estrellarse en el oscuro empedrado. Lloró, porque esa botella, y muchas como esa antes, la ayudaban a olvidar cosa del pasado lejano, porque del pasado cercano se cuidaba mucho de no recordar


Flor de té, así la llamaba su madre, su querida madre. Nunca ella vio una flor de té, pero se lo oyó decir a la señora de la casa grande y le gustó. Se llevó la mano a la cara, ¡allí, allí estaba la asesina de su madre! Y ella había sido castigada con la pena de vida y con la presencia de aquella maldición.


Su querida madre había muerto de viruela cuando ella tenía dieciséis años dejándola a ella terriblemente enferma entre la paja del establo. Allí vivió, alejada de la casa principal, su cara era demasiado desfigurada para exponerla a la vista de la familia y las visitas. Durante varios años se movió entre establo y establo, viviendo de lo que le daban a cambio de su precioso y núbil cuerpo.


Uno de los hombres que pasaron por la zona la trajo a esta maldita ciudad y la puso a trabajar en el puerto, su cara no era bonita y su cuerpo perdió la lozanía pronto. Tenía que compensar su falta de atractivo trabajando más y protestando menos.


Cada día le reprochaba a su madre el que no le la llevara con ella. Nunca se lo perdonó.


Y entonces descubrió el aguardiente. Se apoyó en la pared y se dejo resbalar hasta el suelo. Se le nublo la vista y un ruido como de batir de alas de un insecto empezó a zumbar en su cabeza. “Me está entrando el horror del aguardiente” se dijo. Levantó una mano y temblaba. Empezó a llorar. Vio una sombra delante de ella y levantó la vista, oyó decir “¿Lo haces? Su primer impulso fue decir “No, no me siento bien” Pero vio la moneda que relucía entre el índice y el pulgar del hombre y necesitaba aguardiente. Se levanto y dijo, “vale” En ese mismo momento una garra atenazó su garganta y vio el infierno en los ojos del hombre, su brillo atravesó su alma (cosa que ella ya había olvidado que tenía) y sintió que el fuego tiene en su caleidoscopio el azabache más profundo.


Dejó de sentir. El hombre, cuando se cayó al suelo, le dio una patada con el pie y la miro a la luz de la luna. “Me equivoqué, no es ella.” Le dio una última patada y dijo:”Bah,
una puta menos”

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Desde el mismo día que abrió los ojos y respiró su primera bocanada de aire, Rodrigo no dio cuartel. Fue siempre un paquete lleno de rabietas, mocos, y despotismo. Despotismo acunado y alimentado por la “menua” que siempre sintió que le debía disculpas por ni ella misma sabia que.

Ya en el jardín de infancia demostró una habilidad especial para hacer daño, se dio cuenta de que un golpecito en con el puño cerrado en la mano de cualquier confiado niño era suficiente para que el niño se tragara el objeto que tenía en la boca o que se clavara el lápiz en las amígdalas. Y lo echaron de aquí, de allá… y “la menua” lo volvía a inscribir alegando con vehemencia que su niño era inocente como un corderito, lo que pasaba es que lo provocaban mucho. ¡Inocente! Mi pie izquierdo es inocente.


Aparte de colaborar con empeño en convertir su vida familiar en un infierno, era también un redomado embustero, embustes que tenían siempre a la “menua en cruzada constante para demostrar lo que era indemostrable. Se lo dije a mi mujer. “este zagal es un delincuente, carne de presidio y si no, al tiempo” y el tiempo hablo.

Con doce años se compró unas tijeras y entrando en unos almacenes se dirigió con seguridad y desenvoltura al departamento de lencería, y le cortó la entrepierna a todas las prendas interiores que le dio tiempo antes de que la horrorizada empleada se diera cuenta de lo que estaba pasando. Lo mandaron al siquiatra. Diagnostico: algunas anomalías leves de conducta, nada que unas sesiones de conversación no pudiera arreglar. Unas sesiones de conversación le iba a dar yo…! Por mi madre de mi alma que se las iba a dar! ¿Tan difícil era decir que tenía el corazón podrido?

Con dieciséis violó e hizo papilla la cara de una adolescente, vale, que la nena tenía más edad a sus espaldas de su naturalmente biológica, pero nadie se merece lo que aquél desnaturalizado le hizo. Nadie.

Siguió entrando y saliendo del reformatorio hasta que cumplió los dieciocho años y ¿saben lo que hizo al salir? ¿No? Maldito una y mil veces, ¡Que rayos y centellas lo eliminen de la faz de la tierra! Y lo digo sin rubor, mató a mi mula, la ahorcó. Ahorcó a mi canela, mi mulita, la que le regalé para nuestro aniversario a mi mujer. Cuando conseguí asimilar el dantesco espectáculo, en dos zancadas salvé la distancia que había entre la finca de Félix y la mía, entré como un tornado hasta el comedor, y con el brazo extendido, temblando de dolor y de ira dije: “! tú maldita rata ha ahorcado a canela!

“la menua” casi se ahoga con su propia lengua. Félix, miró al suelo y dijo: “no tengo palabras”, y repitió llorando, “no tengo palabras”. Se levantó y dirigiéndose a la alacena, de un tarro sacó un fajo de billetes y dijo, “toma, cómprate otra.

Saltó la “menua” como una tigresa. ¡Ese dinero lo estaba ahorrando para comprarme un lavavajillas!

Os juro que de no ser por la pena que sentía por mi canelita, el momento habría valido la pena, fue la primera vez que vi a Félix echarle dos cojones a la “menua.”

“¡Cállate, mujer…! ¡Tienes dos perfectos lavavajillas, uno en la mano derecha y otro en la izquierda. ¡Cállate, por Dios, cállate!

Y ahora quiere mi mujer que la acompañe a la iglesia, sí hombre… para rezar por los Adolf Hitlers, los Hidi Amimes, los Pol Poters y los Rodrígos de este mundo.¡Que no..!



sólo es ficción. Cualquier similitud con nombres y personajes, es casualidad.

Tan sólo he querido retratar de forna algo novelada los resultados de algunas familias desfuncionales.

lunes, 10 de noviembre de 2008

La " menua"


Visto en Mondo comic. De Mal Nicolas

Eladio, este ha sido el año más feliz de mi vida, desde que mi mujer se fue lo único que extraño es no sentir ya el intenso deseo de desear que se fuera-

Félix se casó con “la menua” Juana, ( lo de “menua” le viene por su constitución totalmente opuesta. Un metro ochenta de carmes mal puestas donde la exageración era la nota dominante, destacaban sus pechos que nada más verla entraban ganas de tirar de la carrilla de mano y ofrecerla ayuda. Todo en ella era exagerado, su mala leche también. Eso sí, suavizado por el desmesurado gusto por los mozos del lugar.

Pues Félix se casó… mejor dicho lo casaron. El ya aburrido padre de la “menua”, viendo un día como ella se atusaba el pelo a la vista de Felix, mientras acariciaba la desgreñada melena del que ella llamaba “miqueridobastardo, se hizo el encontradizo con Félix y le dijo: - La mitad de mi finca es tuya si te casas con la Juana, la otra mitad a mi muerte. ¿Qué me contestas…? Félix se tocó la oreja, se rascó el cogote y se pasó la mano por la nuca, y pues… ¡Que iba a decir! Para él, que venía de generaciones que habían labrado aquellas tierras sin poseer ni un solo metro a su nombre, era un dulce sueño ahora convertido en posible realidad.

Félix, durante un tiempo se esmeró en ser un marido razonable y un buen padre para Rodrigo (que así se llamaba miqueridobastardo) pero tiró pronto la toalla, ver a la “menua” convertirse en una medusa toda tentáculos protectores alrededor de suqueridobastardo fue superior a sus fuerzas, así que cuando se sentía pesado de espíritu, salía a la puerta de casa, respiraba hondo y miraba “sus” tierras.


! Vengan y escuchen, lo que yo, Eladio, el único amigo que le queda a Félix tengo que contar de Rodrigo, mal haya su nombre… y vean si no se les ponen los vellos de punta y les entran ganas de vomitar!

PERO ESO SERÁ OTRA HISTORIA

viernes, 7 de noviembre de 2008

Para ponernos a su altura...


No hace ni cuatro meses que ha muerto y ya me he comido todo el contenido del congelador, hasta los guisantes me he comido, algo que en otras circunstancias ni lo habría considerado.


Mi nombre es Arturo el “guiños” mote que me puso ni hermana de pequeñito porque tengo un pequeño problema en la cara y de vez en cuando, muy de vez en cuando, guiño, movimiento que no puedo controlar.


El nombre de mi esposa era Viky, Victoria. Era una mujer realmente preciosa. Recuerdo que solía decirle- ¡No te desnudes en la oscuridad! Me gusta verte.

Viky, murió de cáncer de pulmón no hace cuatro meses. Tan sólo tenía cuarenta y cinco años. Demasiado joven para morir. Solía decirme, -Lo que es bueno para ti lo es también para mí, dejaré de fumar cuando tu dejes de beber.-Mi suegro decía que nos alimentábamos los vicios recíprocos, y realmente no sé por que lo decía, porque nunca me consideré un gran bebedor, tan sólo bebía cuando lo necesitaba.


Pero Viky murió, y le cruzaron las manos sobre el pecho –Nunca la vi dormir en esa posición- . Me contestaron que así se hacía con los muertos.- Vale, -Dije- y delicadamente le puse las manos de modo que sus dedos manchados de nicotina no fueran tan evidentes.


¡Dios! Si la hubieran visto en el hospital… lacia como un trapo, cadavérica, y con esa tos… si alguna vez quieren sentirse impotentes como un bebé, siéntense un ratito al lado de una persona a sí. Cada vez que tosía sentía un tremendo escalofrío y cuando me marchaba y me inclinaba hacia ella, para besar aquella frente macilenta, ella ponía los dedos índice y corazón sobre sus labios y la primera vez que lo hizo no pude entender si lo que me pedía era silencio o si me tiraba un beso. La comprendí. Me pedía un cigarrillo.

Viky, fuiste una hermosa mujer y una gran compañera y lo que más me jode es que me quedan muchos años por delante para echarte de menos. Hasta pronto amor.


Es depresivo, lo sé. Sin embargo los estudios recientes nos muestran que cada vez más mujeres mueren de cáncer de plumón y cada vez más jóvenes. En fin, no se donde esta la solución, pero me inspiró este pequeño relato. El que tenga oído que oiga.

martes, 4 de noviembre de 2008

No es un cuento original, pero sirve


Érase una vez

Un miembro de la tribu se presentó furioso ante el gran jefe para informarle que quería venganza inmediata. Lo habían ofendido gravemente, quería matarlo inmediatamente sin piedad. El jefe le escuchó atentamente.
Haz como has pensado – le dijo- pero antes ve y fúmate una pipa con calma debajo del árbol sagrado-


El hombre cargó su pipa y se fue a sentarse bajo la copa del gran árbol. Tardó una hora en terminar la pipa. Luego sacudió las cenizas y decidió volver a hablar con el gran jefe.

-Lo he pensado mejor- le dijo al jefe- Me parece excesivo matar al que me ha ofendido. Lo que voy hacer es darle una monumental paliza para que nunca se olvide la ofensa que me hizo.

Nuevamente el anciano lo escuchó y aprobó su decisión, pero le ordenó que, ya que había cambiado de opinión, llenara otra vez la pipa y se sentara a fumarla al mismo lugar. También esta vez el hombre estuvo fumando y meditando durante media hora. Después regresó a donde estaba el cacique.


-Pensándolo bien- dijo-, quizás sea excesivo castigar físicamente a mi enemigo. Lo que voy a hacer es ir a su casa y echarle en cara su mala acción, haciéndole pasar vergüenza delante de todos.
Como en otras ocasiones, fue escuchado con bondad, pero el anciano le pidió que regresara y se fumara otra pipa. El hombre, ya medio molesto, pero mucho más sereno, se dirigió al árbol y allí sentado fue convirtiendo en humo su tabaco y su ofensa. Cuando terminó, regresó al jefe y le comunicó.


-Pensándolo mejor, veo que la cosa no es para tanto. Iré y le daré un abrazo. Así recuperaré a un amigo que seguramente se arrepentirá de lo que ha hecho.

El gran jefe sonrió, le regaló dos cargas de tabaco y le dijo: ve.

Supongo que la lección es: controla. Deja que tus emociones se manifiesten y permite que desaparezcan. Es un constante flujo el que se apodera de nosotros constantemente, que no debemos bloquearlos, pero tampoco acelerarlos.

Como un río, debemos dejar a nuestras emociones circular como un río, sin obstaculizarlo. Así, llegarán, dejarán su mensaje y se irán sin destruir, sin golpear, sin inundar, sin empantanarse ni pudrirse.

La transformación positiva de los miedos


El miedo llamó a la puerta. La confianza contestó:
¿Quién es?
Y el miedo desapareció.


Proverbio chino.